Un sillón se le debe en la Academia,
el que calienta el culo de Reverte,
o algún otro, por mérito y no por suerte,
que no gusta el talento de blasfemia.
Al ingenio en España no se premia,
y aunque este vate siempre pega fuerte,
que el arte de las musas le divierte,
a este rey de la pluma y la bohemia.
Es el último cowboy, Luis Alberto,
un dandy presumido de los de antes,
que las letras escribe del concierto.
Como a Garci, lo dejan sin Cervantes,
mientras rifan los Goyas, sin acierto,
entre urracas, pelotas y farsantes.
©José Luis Guillén Lanzas, 11 marzo 2026.
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